En un mundo culinario cada vez más globalizado, la gastronomía del Caribe colombiano se mantiene firme gracias a sabores que cuentan historias de herencia, territorio y resistencia. Hoy, el mote de queso y el jugo de corozo se consolidan no solo como alimentos básicos de la canasta regional, sino como verdaderos iconos de la identidad nacional que atraen a críticos y comensales de todo el mundo.
Este dúo, que equilibra la cremosidad salada del ñame y el queso con la acidez vibrante de la fruta local, representa la esencia de la hospitalidad costeña y el potencial de los ingredientes de origen.
El Mote de Queso: Un monumento a la cremosidad y la tradición
Originario de la región de las sabanas de Sucre y Córdoba, el mote de queso ha trascendido las fronteras departamentales para convertirse en el plato de cuchara más emblemático del norte de Colombia. Su secreto reside en la sencillez de sus ingredientes y la complejidad de su preparación: una base de ñame espino que se deshace hasta lograr una textura aterciopelada, enriquecida con generosos trozos de queso costeño duro y el toque aromático del suero costeño y el ajo.
En 2026, los chefs de la región están elevando este plato tradicional a las mesas de la alta cocina, incorporando ingredientes como el sofrito de cebollín y el aceite de achiote, pero siempre respetando la "liturgia" de su cocción lenta. El mote no es solo una sopa; es un símbolo de unión familiar y de la riqueza agrícola del valle del Sinú y las sabanas caribeñas.
El Corozo: La joya ácida que refresca el paladar
Para acompañar la contundencia del mote, no existe aliado más perfecto que el jugo de corozo. Esta pequeña fruta, proveniente de la palma de corozo (latoli), es la encargada de aportar la nota cítrica y el color carmesí que refresca las tardes del Caribe. Su proceso de cocción para extraer el néctar y su posterior enfriamiento lo convierten en una bebida artesanal que supera a cualquier refresco industrial en sabor y nutrientes.
El corozo se ha convertido en el ingrediente estrella de la coctelería y la repostería contemporánea en ciudades como Barranquilla y Cartagena. Sin embargo, su presentación más pura —servido en jarra de vidrio con mucho hielo— sigue siendo la preferida por quienes buscan el auténtico sabor de la tierra. Es una fruta que representa la biodiversidad de la región y la importancia de preservar los cultivos nativos.
Un motor de turismo gastronómico y sostenibilidad
La promoción del mote de queso y el corozo tiene un impacto directo en el desarrollo rural. El fortalecimiento de la cadena de valor del ñame y el apoyo a las comunidades recolectoras de corozo aseguran que la gastronomía siga siendo un motor de progreso económico.
"Cuando un turista prueba un mote de queso con un jugo de corozo, está probando el paisaje de nuestra región. Es una experiencia que conecta directamente con el productor local", señalan expertos en turismo cultural. Con el auge de la cocina de origen, estos sabores se posicionan como el mayor tesoro que el Caribe colombiano tiene para ofrecer al mercado global en este 2026.



