En un mundo dominado por la inmediatez, la gastronomía colombiana ha decidido hacer una pausa y mirar hacia atrás para avanzar. Al inicio de este 2026, tres prácticas ancestrales se han consolidado como las tendencias definitivas en los hogares y restaurantes del país: el arte de los encurtidos, la elaboración de vinagres artesanales y la expansión de los cultivos de hogar.
Esta "revolución de la paciencia" refleja un consumidor más consciente, que busca salud, sostenibilidad y una conexión real con lo que consume.
Encurtidos: El regreso del sabor fermentado
Lo que antes era una técnica de conservación para evitar el desperdicio, hoy es el toque gourmet indispensable. Los encurtidos han pasado de ser simples guarniciones a protagonistas en la mesa colombiana. Desde cebollitas ocañeras en vinagres de frutas hasta vegetales exóticos del Amazonas preservados en salmueras aromáticas, el encurtido está aportando la acidez y la textura "crunchy" que la nueva cocina de autor demanda. Además de su valor gastronómico, su auge se debe a los beneficios probióticos, fundamentales en la tendencia actual de salud digestiva.
Vinagres de autor: El nuevo tesoro de la alacena
El vinagre blanco industrial está cediendo terreno a creaciones artesanales llenas de identidad. En 2026, los colombianos están experimentando con la fermentación de frutas locales como el mango, la piña, el guineo e incluso el café para crear vinagres con perfiles complejos. Estos líquidos no solo sirven para aliñar ensaladas, sino que se utilizan como bases para coctelería sin alcohol (shrubs) y para resaltar sabores en cocciones largas. La producción de vinagres en casa se ha convertido en un pasatiempo culinario que permite a los cocineros aficionados personalizar sus platos con una firma única.
Cultivos de hogar: La despensa en la ventana
La tendencia del "kilómetro cero" ha llegado a su expresión más mínima y eficiente: el cultivo en casa. Ya no se trata solo de grandes huertas rurales; en los apartamentos de las principales ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, las ventanas y balcones se han llenado de hierbas aromáticas, brotes y microgreens. Cultivar el propio cilantro, albahaca o ají no solo garantiza frescura absoluta, sino que reduce la huella de carbono y fomenta una relación terapéutica con la comida.
Sostenibilidad y soberanía alimentaria
Detrás de estas tendencias hay un mensaje claro: la búsqueda de la soberanía alimentaria. Al encurtir, fermentar y cultivar, el colombiano está retomando el control sobre sus alimentos, reduciendo el uso de conservantes químicos y minimizando el desperdicio orgánico. Esta tendencia, impulsada por chefs influyentes y creadores de contenido gastronómico, asegura que el 2026 será recordado como el año en que la cocina colombiana volvió a sus raíces para nutrir el futuro.



